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BLOG 2: Ideas para mejorar nuestra ciudad: PARTE 1

BLOG 2: Ideas para mejorar nuestra ciudad: PARTE 1

El diccionario de la Real Academia Española, define a una ciudad como un «conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas».

Así que Santiago de Querétaro es una ciudad. Al igual que Nueva York, París, Tokio y Sidney.

Santiago de Querétaro
Nueva York
Tokio
Sidney
París

Pero si tomamos la definición del economista estadounidense Ed Glaeser que dice que las ciudades son la ausencia de distancia física entre personas, Querétaro, por suerte, no sería una ciudad, ya que según datos del INEGI de 2015, en Querétaro había 174 personas por km², mientras que en la ciudad de México había 5,967 personas por km².

En esta última ciudad si que hay ausencia de distancia física entre las personas. En Santiago podemos caminar sin estar chocando uno contra el otro.

En fin, aunque con la definición de Ed Glaeser, Querétaro no sería una ciudad, todos sabemos que sí lo es y que además es la ciudad capital de este estado, Querétaro.

Y ahora sí, vayamos al tema principal de este post: «Ideas para mejorar nuestra ciudad», qué podemos hacer para que nuestra ciudad sea una mejor ciudad de lo que es ahora.

¿Y qué hacer para que nuestra ciudad sea un espacio donde la gente disfrute habitar y trabajar de manera positiva?

Hay muchas cosas que podemos hacer y es responsabilidad de todos, tanto de la sociedad civil (nosotros, la gente de a pie) como de nuestros gobernantes, hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que nuestra ciudad sea una mejor ciudad.

Veamos …

¿Qué podemos hacer en conjunto, nosotros y nuestros gobernantes?

Una ciudad bella hace sentir bien a sus habitantes, los hace sentir orgullosos y contribuye a crear un sentimiento comunitario.

Debemos defender nuestro entorno y asegurarnos de que continúe siendo bello y sano. Las propuestas podrían ser muchas, desde muy complicadas a muy sencillas, pero creo que lo importante es que surjan ideas y empecemos a colocarlas en la agenda de la discusión.
Podemos tomar una idea del libro «La Clave del Éxito» de Malcolm Gladwell. En una parte de este libro se cuenta cómo en la ciudad de Nueva York se produjo un descenso de la tasa de criminalidad de dos tercios en solo 5 años en la década de los 90.
 
El nivel de criminalidad no se redujo paulatinamente, ni se desaceleró con suavidad. De pronto, hubo un frenazo en seco. Y no fue porque el numeroso grupo  de aspirantes a criminales convocara a una reunión para decidir  que no iban a cometer más delitos ni tampoco fue porque la policía lograra, como por arte de magia, intervenir en un elevadísimo porcentaje de situaciones que podrían haber acabado fatalmente.
 
Lo que ocurrió fue que  el reducido número de personas que se dedicaban a actos criminales comenzó a comportarse de modo muy diferente y que esa nueva conducta se extendió  de alguna manera a otros posibles delincuentes  en situaciones parecidas.
 
Así que se puede decir que una gran cantidad de personas se vio infectada por el virus «anticrimen» en poco tiempo. Es decir: algo único ocurrió y se convirtió en algo común.
 

¿Y qué fue ese «algo único que ocurrió»?

 
Acabar con los graffitis que existían en el Metro de Nueva York.
metro-ny-con-graffitiss
Sí, así como se oye.
 
En este caso las características del entorno (graffitis por todos lados) era uno de los impulsos que conducía a la gente a participar en ciertas conductas no importando que tipo de persona se era o cuál era su historia. Era lo que se conocía como la teoría de las ventanas rotas, en la cual se afirma que el crimen es, entre otros factores, el resultado inevitable del desorden.
 
Si se rompe una ventana y no se arregla, la gente que pase por delante deducirá que a nadie le importa y nadie se ocupará de arreglarla. Al poco tiempo aparecerán más ventanas rotas y pronto la casa o el edificio afectado dará la sensación de anarquía a toda la calle, se transmitirá la consigna de que todo se vale.
 
Así que en Nueva York, el nuevo director del Metro en esa ciudad, David Gunn, insistió: «el grafiti es el símbolo de la situación desastrosa que se vive en la ciudad». Es decir, que si Gunn no lograba terminar con los grafitis en las estaciones y dentro de los trenes del Metro de Nueva York, iba a ser imposible implantar algún otro cambio externo. Se trataba de enviar un mensaje inequívoco a los vándalos que pintaban sus trenes.
 
Sabían que la gente que pintaba esos grafitis necesitaban 3 noches para hacer su trabajo:
  • 1era noche: pintaban de blanco el vagón.
  • 2da noche: cuando la pintura de la noche anterior ya estaba seca, dibujaban un esbozo.
  • 3era noche: le daban color.

Lo que hizo Gunn y su gente fue que una vez que el vagón estuviera grafiteado, llegaban ellos con sus rodillos y en una noche pintaban encima del grafiti y acababan con el trabajo de los vándalos. El mensaje que les querían hacer llegar era que si querían pasarse tres noches grafiteando un tren del Metro, pues estupendo, pero su obra no llegaría a ver la luz del día.

La limpieza de graffitis comandada por Gunn, se realizó entre 1984 y 1990 y a partir de ahí, los índices delictivos en Nueva York empezaron a disminuir significativamente.

Con esto no quiero decir que lo que hizo Gunn en el metro de Nueva York fuera la única cosa que se hizo para reducir los índices de criminalidad. También lo que llevo a cabo el jefe de la policía en Nueva York en esa época, William Bratton, tuvo mucha importancia en estos resultados.

Empezó con detener el problema de la cantidad de viajeros que se colaban en el Metro sin pagar y aunque le dijeran que había problemas más grandes que resolver, él sabía que tenía que empezar resolviendo ese pequeño problema, ya que estaba convencido de que, igual que los graffitis, aquello no era más que una señal, una pequeña expresión de desorden, que animaba a cometer delitos más graves.

 

Estas dos personas tuvieron razón, sabían lo que hacían.

¿Y qué podemos aprender nosotros y nuestras autoridades de esta historia?

Simple …

Empecemos por embellecer la ciudad y mantenerla presentable. Y ojo que aquí no estoy hablando de cómo bajar los índices de criminalidad en la ciudad, pero lo que sucedió en Nueva York se puede aplicar en general a tener una mejor ciudad, a que la gente vea la ciudad de otra manera. Y si eres un lector que no vine en Santiago de Querétaro, no importa, lo que propongo aquí se puede aplicar a cualquier ciudad del mundo.

¿Qué hacer entonces?:

Autoridades:

  • limpien la ciudad de señalizaciones que ya no sirven.
  • Arreglen los semáforos que no funcionan; bancas desmanteladas, teléfonos en desuso, botes de basura maltratados, etc.
  • Multen a quien no levante los desechos de sus perros.
  • Lance un programa para que los vecinos den ideas acerca de cómo optimizar el entorno en el que conviven y se mueven a diario.

Ciudadano:

  • No tires basura en la calle.
  • Mantén en buenas condiciones la fachada de tu casa.
  • Respeta el inmobiliario de la ciudad
  • Cuando salgas a pasear con tu mascota, levanta sus

excremento

Tener una ciudad bella y limpia hará que nos sintamos más a gusto de vivir donde vivimos. Que nos guste caminar por sus calles, que convivamos más y mejor con la gente que nos rodea.

Recuerda que Pequeños cambios pueden producir grandes efectos.
 
¿Listos para empezar a hacer esos pequeños cambios? Hagamos que nuestra ciudad sea una gran ciudad, que en todo el mundo se hable de ella como uno de los mejores lugares para vivir.
 
Hay más cosas que podemos hacer para mejorar nuestra ciudad. Este Post tendrá una PARTE 2 en donde hablaré de qué podemos hacer para que Santiago de Querétaro sea una «ciudad inteligente» y veremos algunos casos de este tipo de ciudades en el mundo.
 
¡Nos vemos pronto!
 
PD: si tienes algún comentario, déjalo acá abajo.
 
 
 

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